Observatorio del Derecho Humano a la Vivienda Adecuada

INRA: el que juega con fuego, se quema

Sin duda la tierra de Santa Cruz no es tierra ajena en Bolivia, pero tampoco es democrático entregarla así nomás a gente que no vive en el lugar solo por la ineptitud de brindar oportunidades a la gente en su lugar de origen. Tampoco es democrático entregarla sin tomar en cuenta a los pobladores y autoridades de una región que tienen el derecho de participar en las decisiones sobre la tierra en su departamento. Ya quisiera yo ver que lleguen miles de orientales al altiplano y ocupen muchas hectáreas; esto simplemente no ocurrirá porque la vara del gobierno no mide por igual a los bolivianos. 

1. Las reformas agrarias y las guerras por la tierra en América Latina.

La Reforma Agraria (RA) no es un solo acontecimiento. Es un conjunto de acciones políticas, económicas, sociales y legislativas orientadas a modificar la estructura de la propiedad y también la producción de la tierra, para gestar condiciones de vida más dignas para los que viven en un determinado lugar. 

En América Latina son conocidas la clásica RA de México en los años 30 y 40 del siglo XX, cuando se distribuyó la tierra y se crearon miles de ejidos o comunidades agrarias; y la de Bolivia en 1953, cuando se disolvieron las grandes haciendas del altiplano y valles y se devolvió la tierra a los campesinos quechuas y aymaras. Y las RA fallidas en Colombia y Guatemala, llevaron a ambos países a décadas de violencia armada; en Guatemala,  la derrota de la guerrilla por el ejército tuvo el terrorífico resultado de más de 200 mil muertos y desaparecidos en 36 años de guerra civil que terminó por desquiciar a este pequeño país centroamericano. 

2. Bolivia y sus dos grandes reformas agrarias.

La primera RA se produjo en 1953 como parte de la Revolución Nacional, y devolvió masivamente la tierra a los siervos de las haciendas del altiplano y valles (pongos, mitanis, aljiris, chancheros, ovejeros y otros) que realizaban servicios gratuitos para el patrón a cambio de aprovechar una porción de tierra. La Ley de Reforma Agraria marcó el inicio de ese proceso y su complemento desatinado en los años 60 y 70 fue la entrega de tierras a quechuas y aymaras en las “áreas de colonización”, que en realidad eran territorios no titulados de pueblos indígenas en las faldas de la cordillera.

La segunda RA se produjo desde mediados de los años 90 con el reconocimiento de derechos a los pueblos indígenas de tierras bajas y la conformación de las Tierras Comunitarias de Origen (TCO), que fueron tituladas por el Estado que unificó más de 20 Areas Protegidas con territorios indígenas (un ejemplo es el ANMIN Madidi del norte de La Paz, dentro del cual está la TCO de los Uchupiamonas). La Ley 1333 del Medio Ambiente del año 1992 y la Ley 1715 del Instituto Nacional de Reforma Agraria de 1996, vigentes hoy, respaldan este importantísimo proceso.

3. La ineptitud del MAS para desarrollar el occidente agrario.

El gobierno de Evo, en 14 años de bonanza económica, tomó el camino fácil de avanzar hacia las tierras bajas de Bolivia y afectar las Áreas Protegidas y TCO, violando los derechos de los pueblos indígenas minoritarios y destruyendo bosques llenos de biodiversidad y generadores de agua y oxígeno para las grandes ciudades. Y lo hizo por dos razones combinadas: 

Primera. Tuvo gran ineptitud para desarrollar la economía campesina parcelaria del occidente basada en la producción de papa, oca, quinua, cañahua y hortalizas, y la fruticultura y la coca. El MAS solo tuvo habilidad para meter en corruptelas a los campesinos como en el Fondo Indígena, sin apoyarlos en temas agropecuarios. No tuvo una estrategia de desarrollo clara, no realizó inversiones importantes, y no evitó que aumenten las tierras de engorde en el altiplano. Tuvo acciones aisladas e inconexas, como la tractorización fallida, el riego a cuenta gotas, y el minúsculo apoyo a la industrialización de productos. 

Sus “plantas de industrialización” de la coca como en Irupana, quedaron solo en piedras fundamentales que con gran pompa inauguró Morales. Las poquísimas acciones efectivas como la planta de cítricos en Caranavi, o la planta de lácteos en Achacachi, y un poco de mejora de la quinua en Oruro y Potosí, confirman esa ineptitud. 

Segunda. El MAS, eso sí, tuvo gran habilidad desde el Estado para efectivizar el asentamiento de aymaras y quechuas en las cercanías de Cobija, Riberalta y Trinidad; y, sobre todo, para trasladar masivamente a campesinos del occidente a las TCO y remanentes de tierras fiscales en Santa Cruz para “cercarla” con personas  políticamente afines al MAS,  aumentar su votación, e intentar doblegar a la identidad regional cruceña basada en un modelo de desarrollo agroindustrial diferente al del occidente parcelario.

4. Desgraciado papel del INRA.

El INRA jugó y aun juega un papel nefasto en la atención del tema tierra. Salvo pocos momentos de lucidez conectados a titulaciones de los 70 y 80, la mayor parte de los 15 años de gobierno del MAS, el INRA sentó irresponsablemente las bases de un conflicto que puede calcinar en su fuego no solo a varios de sus directores sino a grandes sectores sociales y regiones del país.

A las reuniones de la Comisión Agraria Departamental de Santa Cruz, no quieren asistir ni el director nacional ni el departamental del INRA; y al primero se le ocurrió decir que la vigente Ley del INRA requiere aún compatibilizarse con la Constitución; si así fuera, lo lógico sería que con el carácter autonómico del Estado, la dotación de tierras debiera pasar a ser una competencia departamental y no centralista como hasta ahora.

Cuidado señores del INRA, no jueguen con fuego. La tierra es un asunto muy delicado en cualquier parte del mundo. Y es claro que, en democracia, la dotación de tierras debe ser transparente. Pero con un gobierno nacional que impone y no dialoga con las regiones, la tierra podría terminar siendo el detonante de un peligrosísimo conflicto, porque el MAS fue incapaz de desarrollar el occidente agropecuario y optó por la fácil y obscura entrega de tierras a sus “movimientos sociales” en Santa Cruz. 

Y ya hay un fallecido, un indígena chiquitano golpeado por los colonizadores. El MAS y el INRA están jugando con fuego, y pueden quemarse. 
 

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