Observatorio del Derecho Humano a la Vivienda Adecuada

El cansancio de la marcha no frena la defensa del territorio indígena

Hilario Noto, dirigente indígena del Tipnis, toca su tambor mientras camina. Las ampollas en sus pies ya secaron, sólo le afectaron los primeros de los 29 días de marcha. A sus 63 años, es uno de los líderes de la marcha que partió el 25 de agosto desde Trinidad y se dirige a Santa Cruz.

Le siguen unas 80 personas entre hombres, mujeres y niños, también del Tipnis. Todos caminan desde Trinidad. Hasta ayer, habían avanzado más de 450 kilómetros. Llegaron hasta Sinaí, una comunidad perteneciente al municipio de Pailón. Un integrante de la marcha cuenta que ya cambió dos pares de chinelas. El cansancio es evidente, pero la convicción por la defensa de sus derechos y su territorio permanece firme.

Y es que el avasallamiento de su territorio saneado y titulado les preocupa más que nunca. Noto cuenta con preocupación que los colonos no dejan de llegar al Tipnis a sembrar coca y a alterarlo todo: las costumbres, la forma de vida, el agua, la tierra, el ambiente en general.

Noto sabe que la marcha llegará a Santa Cruz, no importa si el domingo o el lunes, pero tiene la certeza de que allí los indígenas se harán escuchar. También tiene la esperanza que las autoridades de Gobierno escucharán sus demandas para dar paso al diálogo sobre el conflicto de tierras.

Este líder indígena tiene una particularidad. Es uno de los integrantes de la histórica marcha indígena por el territorio y la dignidad de 1990, que recorrió al menos 700 kilómetros entre Trinidad y La Paz. “Solamente quedamos 10 marchistas del 90. El 26 de agosto murió uno, estamos quedando pocos”, afirma.

A sus 63 años, Noto está preocupado por los cambios suscitados en estos 31 años: “Logramos la intangibilidad, luego la anulan, cambian las leyes; se entran los colonos, no respetan (…) todo está peor”, dice.

La marcha, y particularmente la columna correspondiente a los habitantes del Tipnis, también está liderada por Marcial Fabricano, otro líder indígena de tierras bajas que formó parte de la marcha de los 90. Él, a sus 68 años, asegura que sus energías se van renovando día a día, pero no oculta que siente cansancio al igual que otros hombres y mujeres de la tercera edad.

Fabricano debe intercalar la caminata con el recorrido a bordo de una camioneta que transporta los alimentos, los utensilios de cocina y a algunas mujeres que ya sienten fatiga por los más de 450 kilómetros de trajín.

Aunque en días pasados se mencionó que este líder indígena tuvo una descompensación en su salud, él afirma que no se trató de una descompensación como tal, sino de problemas para caminar a causa de ampollas en los pies. Ese problema lo tiene hasta el marchista más joven.

Fabricano menciona que la idea de marchar más de 550 kilómetros desde Trinidad hasta Santa Cruz nació el pasado 15 de agosto, cuando los indígenas recordaron los 31 años de la histórica marcha de 1990.

“¿Qué hemos logrado?, ¿cómo estamos actualmente?”, fueron las interrogantes planteadas y, tras una evaluación, se determinó iniciar una nueva marcha. Según Fabricano, hay un preocupante retroceso en la demanda de respeto al territorio indígena.

Pero el dirigente cree que todo depende de la voluntad política que muestren las autoridades de Gobierno en la reunión que sostendrán cuando la marcha llegue a Santa Cruz, a inicios de la próxima semana. Advierte que los problemas por avasallamiento de territorios indígenas son complejos, puesto que ocurren en Santa Cruz, Beni y Pando.

Otro integrante de la marcha, que prefiere mantener su identidad en reserva, dice que la dotación de tierras fiscales está manchada por el tráfico de tierras y la política. Asegura que comunidades del interior del país llegan hasta el oriente, pagan algún monto de dinero y se quedan con la tierra, mientras que las personas originarias del lugar permanecen sin tierra.

En medio de la preocupación y la incertidumbre, los indígenas continúan su recorrido. Todavía les resta al menos 80 kilómetros hasta la capital cruceña, pero es una distancia mínima en comparación a los más de 450 kilómetros avanzados hasta ayer.  Lo más difícil -dicen- fue en territorio beniano, donde hay poco viento y más calor.

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